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monumentos.(1ª Parte)
 
 
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El CASTILLO

Francisco de los Cobos, Secretario de Carlos I y gran mecenas del Renacimiento en Ubeda y su comarca, compró en 1538 Canena, y contando con los servicio de uno de los grandes arquitectos del Humanismo, Andrés de Vandelvira, no dejó pñasar la oportunidad de simbolizar arquitectónicamente su poder a través de uno de los castillos más importantes de Andalucía, que Fernando Chueca ha relacionado, por su hermetismo, con el de la Calahorra, en Granada, y que constituye uno de los singulares paradigmas de la arquitectura castrense-palaciega.

La primera cuestión que llama la atención es que el señor de los Cobos, gran impulsor de la modernidad artística y poco sospechoso de romanticismo feudalizantes optara, en Canena, por construirse un palacio con estructura de castillo. Cabría recordar que grandes mecenas del Renacimiento italiano encargaban castillos a consagrados arquitectos en obras civiles como San Gallo, San Michele, o que el mismísimo Leonardo Da Vinci, fuera reclamado por el rey de Francia para el diseño de fortificaciones militares. Pero quizás la causa que le impulsara al señor de los Cobos a encargar a Vandelvira la traza de este peculiar emblema fuera la de tomar como referencia que el edificio más significativo de la localidad fuera un castillo, enclavado en mitad del pueblo, y conectar así con la tradición constitutiva de Canena aunque planteándolo desde una lexicrografía artística coherente con sus ideales artísticos y humanistas.

Efectivamente, Canena que debe su nombre a su ocupación, aprincipios del siglo XIII, por la tribu siria de la Banu Kinana, cuyos jefes levantaron una fortaleza en el lugar que previamente había sido encastillado por los romanos, contó con un nuevo castillo levantado, hacia 1477, sin permiso real, y con las consiguientes quejas de Baeza ante el rey, Sancho de Benavides. Francisco de los Cobos no podía ser insensible a los avatares de su nueva posesión y de us dialécticas relaciones con Baeza y decidió crear una mansión en que se conjuntaban estructuras solidamente fortificadas con refinamientos artísticos y estéticos, sobre todo en su interior.

Su planta casi cuadrada, se acota con dos grandes torres que protegen los ángulos en su fachada principal y otras dos, de menor envergadura, aparentemente incompletas, en la parte opuesta, todas ellas circulares, y sobresale la torre del homenaje, ésta de planta cuadrada que, Eslava, sin mucho fundamento, la considera una construcción previa, correspondiente al castillo de Benavides. A pesar del aspecto compacto, de la sobriedad constructiva, del orden técnico inequívocamente militar y de la jerarquía poliocética, dominadora del conjunto urbano, el edificio ofrece en su perfil exterior unas connotaciones de proporción, armonía y equilibrio que evidencian la autoría d eun constructor y artista tan rigurosamente renacentista como Vandelvira.

La portada presenta una estructura un tanto arcacica no exenta de encanto: abre en arco de medio punto peraltado, que flanquean pilastras corintias sobre plintos, con entablamento arquitrabado, friso con grutescos y conrnisa sobre la que se levanta otro arco de medio punto que acoge, en su tímpano, los escudos de don Francisco de los Cobos y doña María de Mendoza, rematados con casco y cimera y, a sus lados, fantásticas figuras de tenantes con la mitad inferior de sus cuerpos transfigurados en ala y vegeteación. Exteriormente la reamatan tres flameros y se conservan, más arriba aún, las ranuras para levantar el antiguo puente levadizo. En la fachada se dispersan ventanas con rejas de forja de estilo conventual.

El patio, uno de los elementos más característcamente renacentista, cuenta con escalera claustral y cnco arquerías de medio punto de cada uno de los lados, para remarcar la simetría a coasta de darle un carácter un tanto obigarrado. En la galería inferior, las arcadas son jónicas, cn los capiteles dispuestos a través, intradós con rosetas, ménsulas en las claves y medallones con medio rrelives de rostros humanos en la enjutas. La galería superior, también jónica, repite la estructura adintelada, con la peculiaridad de grandes zapatas sobre las columnas que apoyan en plintos decorados con motivos militares y la bordea una brandilla de balaustres.

El Castillo fué declarado Monumento Nacional en 1931, en la segunda mitad del siglo XX fue comprado por un inglés y, en 1986, por un ejecutivo de una entidad bancaria hispanoárabe que ha realizado una meritoria labor de conservación y mantenimiento, gracias a la cual no se encuentra en estado ruinoso como otras Castillos de la provincia.

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