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ANTIGUA - MEDIEVAL - MODERNA Y CONTEMPORANEA - HERALDICA.
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Moderna y contemporanea (1ª parte)

la Villa de Canena en los albores de la Edad Moderna seguía vinculada , desde que así precisamente lo estableció el rey Fernando IV, al Concejo de Úbeda. Situación en la que continuó hasta bien entrado el siglo XVI, concretamente hasta el año de 1539. En este año, el 21 de febrero, "don Alonso de Baeza, en virtud del poder que tenía del Emperador [Felipe II], vendió a don Francisco de los Cobos las villas de Torres y Canena con sus montes, términos, pastos y con jurisdicción civil y criminal y con todos los demás derechos y pertenencias que las mesas menestrales de Santiago y Calatrava tenían en propiedad". Venta que se concretó dos meses después, primero, con la visita del propio Francisco de los Cobos a sus nuevas posesiones y, posteriormente, con el inicio, por orden de los Cobos, de un proceso de transformación del antiguo castillo de Canena en palacio cuya dirección de obras recayó en la figura de Andrés de Vandelvira. Por lo demás, poco más cabría reseñar de la historia de la villa de Canena en los siglos de su Edad Moderna que el hecho de que desde la mencionada adquisición por compra, el devenir de la misma quedó estrechamente ligado, y bajo régimen señorial, al del Secretario del Emperador y a la Casa de los Camarasa con la que aquel terminó emparentando. Situación que se prolongó no hasta la fecha de 1812 con la abolición del régimen señorial promulgado por las Corte liberales de Cádiz como han afirmado algunos, sino hasta bien entrado el siglo XIX ya que el referirse a este particular, Pascual Madoz (mediados del siglo XIX) llega a afirmar que "conserva todavía el marqués de Camarasa los derechos que no han extinguido la actual legislación, y como patrono, presenta al diocesano tres curas o priores para que de ellos elija uno".

Derechos que se establecían sobre un municipio de unas 200 casas agrupadas en calles irregulares y pendientes y con "vistas agradables a las huertas que pueblan la cañada contigua y al multiplicado número de viñas y olivares de que están revestidas las cañadas y valles que domina". Y municipio que, a la altura de mediados del siglo XIX, contaba con 231 vecinos lo que venía a equivaler a unos 840 habitantes. Población que seguirá incrementándose a lo largo de toda la segunda mitad del siglo XIX, hasta llegar a duplicar las cifras anteriormente apuntas a principios del siglo XX cuando alcanza los 1.753 habitantes. Guarismo, en todo caso, que siguieron incrementándose a lo largo de toda la primera mitad del siglo XX: 2.053 habitantes de derecho en 1910, 2.111 en 1920, 2.363 en 1930, 2.546 en 1940 o los 2.613 de 1950. A partir de ésta última fecha, sin embargo, los datos de población comenzarán a dibujar un nuevo panorama marcado, esta vez, por un suave descenso demográfico que situó su población en 1991 en los 2.063 habitantes.

Avatares demográficos de los últimos siglos que van a estar estrechamente relacionados, a su vez, con aquellos otros que se produjeron en una actividad productiva de marcado signo agrícola. En efecto, la imagen del municipio a mediados del siglo XIX venía marcada por la impronta de un terreno fértil y muy productivo, por el esmero del laboreo de los cultivos y por la presencia de una estructura de la propiedad repartida, auspiciada y reforzada por los efectos que en el municipio trajeron consigo los decretos de desamortización eclesiástica y civil y que no sólo benefició a los grandes propietarios locales sino que también hizo para muchos pequeños campesinos de la localidad. Los 213 pequeños campesinos censados en el término municipal de Canena a la altura de 1933-34, que constituían el 36.7% del total de activos de la localidad, o los 157 jornaleros ( el 27,1% del total de los activos) no hacen sino apuntalar lo que estamos planteando, eso sí, para las primera décadas del siglo XX. Reforzamiento de una estructura de la propiedad repartida que se acompañó, a lo largo de toda la segunda mitad del siglo XIX, de un claro proceso de agricolización mediante la expansión de unos cultivos entre los que destaca las "16 fanegas destinadas a huertas, las 3 fanegas plantadas de árboles frutales, las 350 de tierras calvas de sitio, las 1650 de campiña, las 318 de olivar, las 250 de viña o las 203 de ejidos". Con este paisaje de cultivos y explotaciones no debe extrañar que sea el trigo el principal producto de la localidad en esta segunda mitad del siglo XIX, junto a él, también se va a producir en el Canena decimonónico centeno, aceite, vino, cebada, escaña, habas, legumbres, hortalizas y frutas, ...Producciones que en algunos casos incluso sobrepasaron el umbral del autoabastecimiento y dieron lugar a comercializaciones puntuales a las poblaciones limítrofes a esta. Tales fueron los casos, en ocasiones, del aceite, trigo, vino, verduras y hortalizas.

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